jueves, 19 de mayo de 2011

Confesión.

Supongo que lo de los blogs es como lo de los amigos a los que te encuentras por la calle y dices que ya les llamarás. Quieres hacerlo, y sabes que debes hacerlo, pero la pereza te pueda y lo vas dejando y dejando (que no me lea casi nadie, y que menos gente todavía comente, no es un incentivo).

Por otra parte, no quería convertir este blog en el enésimo blog personal, pero supongo que lo que escribo igual es el reflejo de mi persona. Lo que creo que me convierte es una artistilla megalómana, sicalíptica, un poco bollera y que se tortura bastante. Lo que tampoco está mal, y no es del todo mentira.

Mis excusas para no escribir son muchas y todas ellas muy válidas, desde exámenes y fiestas de guardar (como el fantabuloso y sicalíptico Lunes de Aguas, uno de los mejores motivos para festejar de toda la península) a un cumpleaños que me hizo darme cuenta de que me hacía mayor, y un largo viaje inesperado a Venecia. De todo esto hablaré, supongo.

Por otra parte, sigo sin saber que dirección darle al blog. Si hablar de lo que me gusta, si comentar textos que quizás a alguien pudieran interesar, o si ir comentando lo que me sucede en esta vida de Cicerón que voy llevando últimamente. Además del miedo continuo a hacer una entrada de algo que adoro y que no sea lo suficientemente buena.
Descubrí a Vittorio Zecchin, de la Secesión veneciana, y me gustó mucho.
Así que aquí les presento mis disculpas.

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